Dicen mis amigas que cuando reposo (casi a punto del estado null) pongo las manos sobre el estómago, cruzo los dedos de las manos y a veces (cuando el sueño me sigue de cerca) muevo los dedos como si los recontara una y otra vez, para creerme el número 10.
El 10, o el 20. El 20, que aunque sea par y decimal, además podemos descomponerlo en dos: el 2 y el 0. El 2 significa las veces que le he visto (¿han sido sólo dos?), y el 0 podría ser el número de veces que volveré a verle. O podría ser el número de veces que me hará daño, o mejor ! que me llamará.
Porque cuando un número tan perfecto (20) puede parecer significar 'veinte' todo puede ser distinto, depende de varios factores, pero es esencial necesitar que veinte no sea sólo un número, al azar. Es mejor creer que veinte pueden ser muchas más cosas. ¡O consulténles a sus amigas!. Veinte es también una escusa para sentarte al rededor de ellas y analizar las posibilidades de una absurda ficha de ropero, con el número 20.
El recuerdo de una noche. Veinte noches más la recordarla.
Ah claro! nada de esto tiene sentido sin un nuevo soplido del pasado. O lo que es lo mismo, mantenernos bien atados a todo lo que nos ha hecho felices (¿feliz?) y al mismo tiempo, y no en la misma medida, tristes. Muy tristes.
Bueno, es finalmente, un domingo cualquiera. Un domingo precedido de varios días de infinitos "hoy no hago planes", "hoy pronto a casa".
Los domingos exterminios de fuerza, de hambre y pinzas de depilar.
Ay los domingos!